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CUBA A FONDO
Igualdad y privilegio en la Revolución de Castro.
Por Juan Clark.
(Frag. del Libro "Cuba Mito y Realidad" Ed. Saeta)
Introducción
La llegada de Fidel Castro al poder en 1959 marcó no sólo una nueva
era político-económica para Cuba, sino también el comienzo de un cambio
radical en su estratificación social. A 40 años del comienzo de ese
fenómeno es oportuno analizar los cambios experimentados e intentar
describir la nueva composición social de esa nación.
Aunque Castro no llega al poder proponiendo un cambio en las estructuras
sociales, su actuación determinó una reestructuración completa de las
mismas. La aparente tendencia inicial del gobierno revolucionario fue de
justicia social, tratando de aminorar las antiguas barreras sociales.
Así, en el nuevo ejército, el más alto grado aceptado fue el de «comandante»,
eliminándose los grados superiores y los uniformes lujosos. El liderazgo
revolucionario procuraba, para identificarse con los humildes, compartir,
de manera notoria, los sacrificios que las transformaciones
revolucionarias requerían. Comenzando por Castro, era visible la
participación de esos líderes en el «trabajo voluntario», con el pueblo.
Se popularizó el término «compañero»; y era difícil ver a algún
líder revolucionario vistiendo cuello y corbata. Paralelamente, se
promovía la ascensión social de los más humildes, en cuanto a
oportunidades de vida. Múltiples medidas populistas se implementaron en
este sentido. Se rebajaron los alquileres y el costo de la electricidad
y el teléfono. Se implementó la reforma agraria para dar tierra al
campesino; más tarde la reforma urbana, para dar la propiedad de la casa
al que no la tenía. Se proclamaron nuevas oportunidades de educación,
comenzando con la alfabetización y el nivel universitario, especialmente
para quienes provenían de las capas más humildes de la población. La
atención médica fue otro renglón en el que se hizo alarde de igualdad.
Se destruyeron las estructuras anteriores, que incluían el excelente
sistema cooperativo-mutualista, y se estableció un sistema único de
salud para todo el pueblo, sin costo aparente para el mismo. Se hizo
énfasis en la apertura de oportunidades de recreación para todos,
especialmente con la construcción de balnearios populares aprovechando
las hermosas playas del país.
Por otra parte, hacia fines de 1961, se había desposeído de sus
tierras o empresas a los altos sectores de la sociedad precastrista, los
que dejaron entonces de existir como clase dominante. Todo el sistema
educacional pasó a manos gubernamentales. Sin duda, en esos primeros
años, las grandes masas populares podían creer que se iban moviendo
hacia una gran igualdad social. Castro, en diciembre de 1961, se
declaraba personalmente marxista-leninista, reconociendo implícitamente,
haber engañado al pueblo por conveniencias tácticas, a fin de llegar al
poder. Su alianza con la Unión Soviética fue de crucial importancia para
su sobrevivencia. La URSS suministró a la revolución de Castro un enorme
subsidio, que se estima fue superior al aportado por el Plan Marshall
norteamericano para la reconstrucción de Europa, tras la Segunda Guerra
Mundial.
Esas medidas populistas fueron aparejadas con otras de corte totalitario,
y la revolución, que se había pregonado «verde como las palmas», se
tornaba roja, por la alianza y la utilización de métodos y estructuras
provenientes del bloque soviético. ¿Podría esperarse que en Cuba se
diera la repetición del fenómeno de una nueva estratificación social
descrito por el yugoslavo Milovan Djilas en su clásico sobre «la nueva
clase"? ¿O, como lo describiera más tarde con énfasis menos teórico, el
ruso Michael Voslenski en La Nomenklatura en cuanto al estilo de vida de
las clases sociales típicas de ese bloque?
Es de notar que en el plano formal, la revolución de Castro enfatizó el
sentido igualitario del proceso y lo sancionó en su Constitución de
1976. En ella, específicamente se menciona que «todos los ciudadanos
gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes»; se
establece el principio de «la igualdad de los seres humanos» y se
especifica que «los ciudadanos, sin distinción de raza, color u origen
nacional: -tienen acceso, según méritos y capacidades, a todos los
cargos y empleos del Estado y de la producción y prestación de servicios».
Este énfasis igualitario se precisa en cuanto a situaciones muy
concretas como educación y salario; y servicios como medicina, hoteles y
restaurantes. Castro, en diversas ocasiones ha reiterado el énfasis
igualitario de la revolución.
En el entorno de 40 años de proceso revolucionario, es apropiado
examinar si las enunciadas metas igualitarias se han cumplido, y poder
así determinar el grado de igualdad y privilegio prevalente en esa
sociedad. Para ello contamos con cientos de entrevistas realizadas desde
1970, a personas que han vivido en Cuba y nos han relatado sus
experiencias.
Percepción de la existencia de privilegios
Se han realizado varias encuestas desde 1970 para examinar la percepción
popular de diversos aspectos de la realidad social cubana. Las de 1971 y
1986 fueron al estilo survey. A fines de los años 90, se exploró este
tema, pero de modo informal, y no cuantitativamente. En la encuesta de
1971, casi el 90% indicó que existían grupos privilegiados dentro de la
sociedad cubana. El survey de 1986 lo reafirmó cuando, casi unánimemente
(97%), se ratificó la afirmación anterior. Paralelamente a esas
encuestas se han realizado en, profundidad, entrevistas individuales,
examinando con mayor detalle aspectos importantes de dicha realidad.
La encuesta de 1971 sometió a consideración de los entrevistados varios
grupos de la sociedad para ser evaluados según una escala. Ella arrojó
la presencia de tres grupos de privilegiados bastante definidos. En
primer lugar y, de forma muy sólida, los «comandantes» y líderes de alto
nivel del Partido Comunista, quienes, según el 86% de nuestros
entrevistados, tenían «muchísimo» privilegio. En segundo lugar
emergieron «los oficiales de las Fuerzas Armadas hasta el grado de
capitán» con respecto a los cuales el 18% afirmaba que tenían muchísimo
privilegio. Un poco más abajo estaban «los administradores», con 15%.
La encuesta de 1986 confirmó los resultados de la de 1971, aunque con un
enfoque distinto. Esta vez fueron los entrevistados los que señalaron
los grupos que ellos consideraban que tenían «muchos» privilegios. Los «dirigentes»
del gobierno o del Partido fueron mencionados en particular por el 80%
de los entrevistados; después se ubican los «jefes militares» y a
continuación, los «administradores». Vale señalar que aparecieron
también, pero con menor proporción de menciones, los «miembros de la
Seguridad del Estado», «dirigentes de los CDR y de otras organizaciones
de masa», los «extranjeros» y «figuras del deporte y las artes».
Las entrevistas más recientes indican la presencia de un nuevo grupo
privilegiado: los beneficiados especialmente por el contacto con las
nuevas inversiones, especialmente en el turismo, y la posesión de
dólares, tras la despenalización de esa moneda en agosto de 1993. La
peculiaridad de este nuevo grupo estriba en su magnitud, al igual que en
el hecho de que comprende también a personas sin especial filiación
gubernamental y sin poder político, en contraste con el caso de los
grupos identificados en las encuestas anteriores. El acceso a los
dólares determina el poder adquirir bienes de primera necesidad, no
disponibles o de muy difícil adquisición de otra manera. Tal acceso a
los USD está determinado por el contacto con empresas extranjeras,
además del contacto con el turismo, y/o por el envío, desde el exterior,
de remesas de esa moneda.
Tipos de privilegios y su evolución
Es importante que primero se defina el significado de privilegio en el
contexto cubano. Se considerará privilegio el uso de bienes o servicios
a los cuales los ciudadanos comunes no tienen igual acceso, o lo logran
con mucha dificultad, o incluso les resulta imposible el tenerlos, aun
cuando tuvieran los medios económicos necesarios.
En este sentido, según nuestros entrevistados, se pueden identificar
áreas en las que existen privilegios sustanciales, tales como: vivienda,
compra de bienes en general (la mayoría de los cuales están racionados
desde 1962) servicios de salud, educación, viajes nacionales e
internacionales y el uso de instalaciones recreacionales.
Existe privilegio en esas áreas, dado que su disponibilidad o su
disfrute ha dependido, de una forma u otra, más de la conexión política
que de la eficiencia profesional o económica. En otras palabras, el
tener sólo el dinero, la necesidad y/o el interés no garantizan al
cubano promedio el acceso igualitario a las áreas mencionadas. Por otra
parte, la debida posición o conexión política -ser familiar cercano,
amigo o amante de un «pincho» o «mayimbe»- ha asegurado dicho acceso de
una manera especial y aun sobreabundante, como veremos más adelante.
El método de encuesta, a groso modo, nos ha indicado que los dirigentes
de alto nivel del Partido y del gobierno han estado en la cúspide de la
escala del disfrute de privilegios, seguidos de los jefes militares y
del personal de la Seguridad del Estado. Por otro lado, las entrevistas
en profundidad nos brindan una visión más detallada de la composición o
características de esos sectores fundamentales y de los otros ya
mencionados.
Había consenso entre nuestros entrevistados hasta 1989 en cuanto a
identificar por lo menos tres grandes grupos de privilegiados, emanados
de la estructura política totalitaria. Estos existían ya desde la década
de los sesenta, y se han experimentado sólo cambios menores en su
composición (en particular en los altos niveles). Sin embargo, se puede
hablar de importantes cambios en relación con el grado de disfrute del
privilegio, especialmente en la década de los 90. Estos grupos iniciales
se pueden distinguir en cuanto a la manera en la que obtienen el
privilegio. En otras palabras, teniendo en cuenta si las prerrogativas
de las que han disfrutado son inherentes a la posición que ocupan y, por
tanto, son legales; o si esos privilegios son más bien conseguidos
mediante manipulación en el ejercicio del cargo y, por ende, ilegales.
Dichos grupos, como veremos, no han sido por completo homogéneos ni
monolíticos, y comprenden, básicamente, los siguientes niveles en orden
descendente de privilegios:
Fidel Castro, muy por encima y muy distante del resto de la elite,
seguido por su hermano Raúl. Los miembros del Buró Político y del
Secretariado del Partido, los primeros secretarios del Partido en las
provincias, algunos ministros y los altos jefes de las Fuerzas Armadas y
del Ministerio del Interior. Esta pequeña cúpula se ha caracterizado por
su estrecha vinculación con Castro, que es la principal fuente de
privilegios. En ella pueden estar incluidos otros con menor rango
oficial pero con gran vinculación con Fidel y Raúl Castro y el resto de
la cúspide del poder;
Ministros de áreas menos importantes y viceministros del gobierno,
algunos miembros del Comité Central del Partido, oficiales importantes
de la Seguridad del Estado, jefes militares con rango desde coronel (ciertamente,
no todos los coroneles), altos dirigentes del gobierno, incluyendo el
Poder Popular y destacadas personalidades de los deportes, las artes y
las ciencias.
Los dirigentes con cargos señalados en los niveles anteriores, pero que
gozan de menor poder, otros dirigentes de menor importancia de los
organismos superiores antes mencionados y los administradores de las
entidades económicas gubernamentales a niveles provincial y municipal.
A partir del influjo de las inversiones, especialmente en el área del
turismo, y con la legalización de la circulación del dólar, ha emergido
otro sector especial que puede dividirse en dos. Por un lado, los
administradores y directores de las empresas conectadas con dichas
inversiones y que tienen gran acceso a esa moneda. Estos tienen una
fuerte vinculación política y muchos son retirados de las Fuerzas
Armadas y del Ministerio del Interior. Por otra parte están los que
tienen acceso al dólar sin tener una fuerte vinculación política,
simplemente porque reciben remesas del exterior o porque sus actividades
económicas les han permitido un gran acceso a dicha moneda. El nivel de
vida de éstos es superior al de los que no tienen ese acceso. De hecho,
algunos observadores simplifican la presente estratificación social
reduciéndola a la dicotomía entre los que tienen acceso generoso a los
dólares versus los que no lo tienen, o los poseen en mucho menor grado.
Una característica que debe señalarse de estos niveles de privilegios (particularmente
los tres primeros) es la relatividad del disfrute con respecto a la
cantidad de privilegios de los que han gozado por su vinculación con
Fidel Castro; vinculación que puede ser de tipo personal, o por el área
de desempeño de funciones. Entrevistados que formaron parte de la elite
privilegiada nos describieron cómo es posible que un simple «director de
organismo» pueda disfrutar de más privilegios que algunos de los
miembros del Comité Central o que algunos ministros, si ejerce sus
funciones en una empresa con oficinas en países capitalistas.
Así, la difunta Celia Sánchez -por sólo citar un ejemplo- sin haber sido
miembro de la cúspide del Partido Comunista de Cuba ni haber dirigido un
ministerio a cargo de un área productiva, tuvo mayor capacidad de
obtener y facilitar privilegios que la mayoría de los dirigentes del
Partido, del gobierno y de las Fuerzas Armadas, debido a su estrecha
vinculación con Castro. Con respecto a la obtención de privilegios,
puede ocupar un nivel más elevado el ministro de la Marina Mercante que
el de la Industria Azucarera, aunque este último tenga una
responsabilidad económica y administrativa mucho mayor. «Hay ministros
que son unos `cometrapo'», nos decía un exfuncionario gubernamental, y
«hay Generales que viven en un apartamento pequeño, mientras que un
viceministro o un director de empresa de una de esas áreas de acceso a
bienes de consumo puede ser un notable privilegiado».
Otra característica destacada de estos niveles sociales es que su
membresía, en cuanto a disfrute de privilegios, no ha sido monolítica.
Es decir, el pertenecer a un sector privilegiado se hace más fluido o
menos rígido a medida que descendemos de nivel. De esta forma,
como se ha dicho, el nivel superior (tal vez compuesto por una veintena
de personas) es, sin duda, el más cerrado, y exclusivo. Dentro de él, y
con los niveles supremos de privilegio, está Fidel Castro junto con Raúl,
muy por encima de los otros miembros del Buró Político debido a su
posición de «máximo líder» y «comandante en jefe», y por su férreo
control del aparato político, administrativo y militar-represivo.
Puede afirmarse que, en términos generales, es en este alto nivel en el
que el disfrute del privilegio es inherente a la posición que se ocupa,
bien de forma explícita o implícita. En otras palabras, está básicamente
institucionalizado. En el caso de los jefes militares, por ejemplo, esto
está definido de modo claro por sus áreas especiales de compras y de
recreación. Es a ese más alto nivel que se concentran de modo
incuestionable tanto el poder político, como el económico, el militar y
el represivo del país. Es la naturaleza totalitaria de la sociedad
cubana actual la que nos lleva a afirmar, referente a su cúspide, que
«son propietarios de nada y dueños de todo», como nos lo caracterizara
una persona que disfrutó de sus privilegios. Con ello se explica que a
este nivel particularmente, pero sin excluir a muchos en niveles
inferiores, sus miembros no tienen, de hecho, título de propiedad de los
medios de producción ni de los bienes materiales, pero de unos y otros
disponen y disfrutan, actuando como si fueran sus dueños verdaderos.
En general, mientras más cercana sea la conexión con la cúspide -y
preferiblemente con su punto más elevado, Fidel Castro- mayor es la
posibilidad de obtener un tratamiento especial en cualquiera de las
áreas antes mencionadas. Por otra parte, el estar al frente de un
ministerio o de un organismo que disponga de amplios recursos y, más
recientemente, de dólares, parece que incrementa el privilegio de modo
sustancial.
El caer en desgracia con la cúspide de poder o con la persona de Castro
es suficiente para perder no sólo los privilegios, sino hasta la
libertad y tal vez hasta la propia vida. Todo esto hace que la elite
suprema sea probablemente más poderosa que cualquiera dentro del mundo
capitalista, pues en realidad está en sus manos el disponer, sin mayores
cortapisas «de vida y hacienda».
Otro rasgo distintivo de la elite privilegiada cubana es su virtual
impunidad ante la ley, lo cual se aplica no sólo al dirigente sino muy
frecuentemente a su familia e hijos.
Es importante también destacar que la total lealtad política y personal
es crucial para la permanencia en los altos sectores privilegiados. Una
persona determinada, por ejemplo, puede cometer un serio error
administrativo o económico, o aun hacerse muy visible en el uso del
privilegio. A esa persona se la puede destituir del cargo o posición que
ocupe, pero muy bien puede suceder que «se caiga para arriba», si tiene
las debidas conexiones políticas o personales y conserva la confianza
política. Esto quiere decir que a un dirigente removido de un cargo
importante se le puede colocar en una posición igual o mejor que
la anterior. Este no sería el caso si el error fuera de naturaleza
política o se cuestionara su lealtad.
Si la cúspide de la elite gobernante ha recibido la mayoría de sus
prerrogativas de una manera institucional, no ocurre necesariamente lo
mismo con el segundo nivel, y mucho menos con el tercero. De esta forma,
por ejemplo, los ministros y viceministros han tenido derecho a un carro,
a una cuota o bono gratuito de gasolina y a ciertos privilegios de viaje.
Pero cuando emplean los carros para uso personal o familiar, de hecho se
están aprovechando de su posición de una manera ilegal, y algún día
pueden tener que responder por ello. En otras palabras, «se les puede
pasar la cuenta» -como suele decirse en Cuba- por las prebendas
disfrutadas.
Esto mismo es cierto con los administradores o dirigentes de empresas u
organismos a niveles más bajos. La mayoría de estos administradores usan
sistemática y subrepticiamente sus posiciones y conexiones personales
para «resolver» (equivalente al antiguo «blat» soviético que implica
manipulación clandestina de bienes o servicios del Estado) con la ayuda
de otros administradores o dirigentes. Esto ha tenido lugar bajo un
sistema primitivo de trueque y abarca precisamente los bienes, servicios
y/o influencias que están bajo su potestad.
Algunas personas que han vivido esta realidad social de hecho consideran
que son los privilegios de los administradores -más visibles- los que el
pueblo resiente más profundamente.
Desarrollo del privilegio
A pesar de los reclamos de igualdad, los primeros observadores de la
realidad cubana notaron, ya hacia principios de la década de los 60, la
presencia de claros privilegios dentro de los más altos niveles de poder,
que contrastaban fuertemente con el resto de la población. Examinemos
algunos testimonios, entre ellos, de quienes fueron decididos
partidarios y/o participantes en el proceso revolucionario.
Según Carlos Franqui, director en 1959 del periódico Revolución, vocero
inicial del gobierno revolucionario y testigo de primera mano de los
primeros años, el privilegio aparentemente comenzó muy temprano y por
medio de Fidel Castro mismo, quien:
...tenía 50 mansiones en diferentes partes del país, las cuales usaba a
su antojo. Justificando el privilegio en otros líderes, él (Castro)
solía decir: «Los compañeros deben vivir bien a fin de ser más
eficientes».
De esta forma, los comandantes y otros dirigentes comenzaron a ocupar
las mansiones de los pudientes que se marchaban del país. «De las casas
nuevas nadie se escapó [...]. Casas increíbles: jardines, flores,
piscinas, confort». Pero no fueron sólo las nuevas residencias
personales, hasta las exclusivas y exquisitas mansiones de la famosa
playa de Varadero se convirtieron en casas de descanso de la nueva
elite. Además de tomar posesión de excelentes residencias, la nueva
elite redondeó sus gustos «burgueses» con muebles y joyas, como nos
testimonió quien fue parte de ese proceso: Yo he sido testigo
personalmente de lo que es el privilegio. Por ejemplo: grandes muebles,
grandes joyas de arte, en todos los órdenes, desviados hacia casas de
los dirigentes. Lo vi yo, lo viví yo.
El consenso de nuestros entrevistados es que los patrones de privilegio
antes descritos se incrementaron de manera gradual. Dependiendo de los
niveles, ha habido purgas esporádicas y amenazas periódicas de acabar
con el uso de la propiedad pública para beneficio privado. Sin embargo,
a pesar de esas amenazas, proferidas principalmente por el propio Fidel
Castro, los privilegios en general aumentaron a todos los niveles. Un
incremento significativo tuvo lugar durante la «danza de los millones»
de principios de la década de los 70, cuando los precios del azúcar se
elevaron mucho. Fue durante esta época que una gran cantidad de
artículos de lujo fueron importados, más para beneficio de los altos
niveles, ya que el pueblo poco se benefició con aquella bonanza
económica, en contraste con la danza de los millones del año 1919, la
cual tuvo gran repercusión positiva en la población.
Aparentemente, los componentes de los niveles inferiores del sector
dirigente, conscientes de los privilegios de los estratos superiores,
han tratado de imitar el estilo de vida de los pinchos o mayimbes
importantes. Esto es natural, pero puede resultar riesgoso. Cubanos que
han salido en los últimos años de la isla sugieren que al menos algunos
de estos niveles inferiores han logrado grandes mejoras personales (en
particular con respecto a la construcción de excelentes viviendas) por
medio de la manipulación y/o «desvío» de fondos o materiales, con muy
poca o ninguna consecuencia negativa. Como se apuntaba antes, esta
situación aparentemente está en función de la clase de conexión (padrino)
que la persona tenga, del «sociolismo», el cual implica el uso del amigo
situado en buenas posiciones para beneficio mutuo. Se podría afirmar que
no sólo los pinchos de menor jerarquía «resuelven» sus necesidades
precisamente mediante el «sociolismo», sino que el pueblo también lo usa
para resolver sus problemas de abastecimiento más perentorios.
Aparte de que los dirigentes a nivel medio o bajo puedan «resolver» sus
problemas, es interesante anotar que ha existido un organismo encargado
de velar, en especial, por las necesidades de los altos dirigentes. La
Empresa de Producciones Varias (EMPROVA), creada bajo las orientaciones
de Celia Sánchez, supuestamente para atender las necesidades de los
miembros del Consejo de Estado, ha realizado la función de «conseguir
desde una criada para uno de estos dirigentes, hasta de repararle la
vivienda». El Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del
Interior es el que actualmente se ocupa de los altos dirigentes.
La relatividad e inestabilidad del privilegio
Otra característica importante concerniente a la desigualdad social y a
la nueva elite cubana tiene que ver con la relatividad e inestabilidad
del privilegio mismo. Muchas de las cosas que pueden ser consideradas
privilegio en Cuba no lo serían en una sociedad capitalista. El comprar
y vender una casa o un automóvil o poder salir al extranjero está dentro
de las posibilidades de cualquier persona en una sociedad libre, siempre
y cuando se disponga de los medios económicos. Pero en Cuba, el tener el
dinero no ha sido suficiente, ya que la persona ha tenido que «ganarse
el derecho» a comprar el artículo deseado, o necesita la debida conexión
política para ello. Más recientemente, con la dolarización de la
economía a partir de 1993, se ha facilitado la compra de alimentos y
artículos electrodomésticos, con el agravante de que tienen que ser
comprados en esa moneda, lo que representa un altísimo costo para el
nivel de ingresos del cubano promedio.
Como se mencionó antes, los pinchos o mayimbes no tienen título de
propiedad de la mayoría de los beneficios que disfrutan. Esto constituye
un factor clave de control, que produce inestabilidad en el disfrute de
esos privilegios y en el propio estatus de los individuos que los poseen.
Más aun, puede afirmarse que la falta de título de propiedad promueve un
sentimiento de dependencia hacia aquellos que pueden eliminar tanto los
privilegios como la posición que los genera. El pincho puede usar y
hasta abusar de la residencia que disfruta, del auto o de la casa en la
playa (los que puede compartir con familiares -particularmente los hijos-
amigos y amantes), o de la posibilidad de viajar, mientras no caiga en
desgracia (sea «tronado") con los niveles superiores que controlan esos
beneficios y, de esa forma, sus vidas.
Debido a la naturaleza totalitaria de esa sociedad, el pincho se sentirá
muy desamparado si, por alguna circunstancia, cae en desgracia, se
decepciona o disiente significativamente de la línea oficial del momento,
lo cual quiere decir, de modo simple, no aprobar con docilidad la
política determinada por Castro. En el pasado, algunos de los pinchos
grandes que se han encontrado en esa situación han optado por la
deserción a Occidente, o el suicidio. Aunque no hay evidencia definitiva,
hay indicadores sólidos de que la decepción fue al menos un importante
ingrediente en el caso del suicidio del ex presidente Osvaldo Dorticós
Torrado, el cual mantuvo esa posición -al menos nominalmente- por 17
años (1959-1976). Este fue también un factor en el caso de Haydée
Santamaría, una importante figura revolucionaria desde el 26 de julio de
1953. Ella escogió el suicido en el año 1979, para privarse de la vida.
Funcionamiento del privilegio
La posesión de una buena vivienda es una de las características más
notables de la nueva elite cubana. Cuando se analiza la situación de la
vivienda como un área de privilegio en Cuba, es vital tener en
consideración la perspectiva nacional en esta materia. Según
estadísticas oficiales, el problema de la vivienda es uno de los más
serios de la nación. Esto es resultado del control absoluto por parte
del gobierno de los materiales de construcción, los que ha utilizado
preferentemente para otros fines, como los militares, y hasta la
exportación. También ha agudizado la crisis de la vivienda la
imposibilidad de construirlas de modo privado y comercial, a gran escala.
Es sumamente difícil también la construcción privada de modo individual.
La situación de la vivienda es particularmente crítica en el área de La
Habana metropolitana, pero es muy seria también en las ciudades del
interior del país.
Los principales dirigentes comenzaron a ocupar las mejores casas de los
que partían al exilio, desde 1959. De hecho, el tener una buena casa en
la ciudad o en la playa ha constituido una garantía para la obtención,
por parte de sus propietarios, del permiso de salida del país (el
gobierno incauta, sin compensación alguna, toda propiedad del que sale
del país). Bastaba que el gobierno quisiera usar una casa determinada o
un pincho se «enamorase» de ella y deseara ocuparla él o algún allegado
suyo, para que se eliminara cualquier obstáculo para la salida del país
del propietario.
Es interesante anotar cómo, con fines propagandísticos, ciertas áreas
residenciales exclusivas de la antigua burguesía habanera, tales como
Miramar, el Country Club, el Biltmore y el Nuevo Biltmore fueron usadas
al inicio para albergar a estudiantes becados, muchos del interior del
país. Más tarde, éstos fueron sacados de allí y llevados a albergues en
el campo, donde estudian y trabajan. La nueva elite y el cuerpo
diplomático ocuparon estas zonas, después de ser reconstruidas muchas de
sus casas.
Así, gradualmente, las mejores áreas residenciales de la elite
precastrista -en particular en La Habana- fueron ocupadas por la
dirigencia revolucionaria. Dentro de estas áreas se encontraban: las ya
mencionadas Miramar y el Country Club (al que la revolución le cambió el
nombre por el de Cubanacán), además de La Coronela, en los suburbios
occidentales de la capital, y los repartos Country Club (ahora Cubanacán),
Nuevo Vedado (donde Raúl Castro ha ocupado casi un edificio entero de
apartamentos) y Kohly. Estas áreas residenciales de La Habana se han
convertido en «zonas congeladas». De esta forma, aparentemente igual que
en la antigua Unión Soviética, la clase dominante cubana (la
Nomenklatura) tiende a vivir concentrada y aislada del resto de la
población.
De modo similar, en el interior del país -imitando el estilo de los
altos dirigentes de La Habana- los pinchos locales han ocupado las
mejores viviendas existentes. También ha sido frecuente, según varios
testimonios, el ver a estos dirigentes construyéndose excelentes casas,
a veces «desviando», con distintas artimañas, materiales de construcción
de obras estatales.
Debe también señalarse que la alta dirigencia no sólo disfruta de
excelentes viviendas, sino que para éstas existe un debido mantenimiento,
posibilidades de reparación o renovación total, así como la periódica
pintura exterior e interior, ya que ellos tienen acceso inmediato a los
materiales que necesitan. Por el contrario, el resto de la población ha
tenido que sufrir el penoso e inexorable deterioro de sus viviendas,
debido a que a ellos se les dificulta mucho comprar materiales de
construcción, los cuales, como se dijo, están absolutamente controlados
por el Estado, y cuya distribución a la población es en extremo
deficiente.
Los miembros de la cúpula dirigente no sólo disfrutan de las mejores
residencias sino que también tienen potestad para «obsequiarlas», es
decir procurarlas para sus parientes, amigos o amigas, lo cual resulta
muy chocante. Las características arriba apuntadas se refieren, por
completo, al primer o más alto nivel de privilegio señalado, y más
ligeramente al segundo. Puede afirmarse que los pinchos de estos dos
niveles superiores disfrutan, además, de excelentes muebles, aires
acondicionados (un gran privilegio), al igual que teléfonos (de muy
difícil posesión a menos que se tuviera desde antes de 1959).
Concerniente a los efectos eléctricos, es de notar cómo la nueva elite
desarrolló un gran gusto por los productos importados, máxime del área
capitalista. En muchos casos éstos son comprados mientras se viaja al
exterior, u ordenados a través de los contactos en el servicio
diplomático. Los barcos mercantes o los aviones del país han sido usados
para importar estos artículos, sin tener que pasar por aduanas, siendo
después transportados sin problemas a la residencia del privilegiado.
El servicio doméstico ha sido, sin duda, otro de los grandes privilegios
en la Cuba actual para el más alto nivel de dirigentes, por la forma en
que ellos lo han utilizado. Este servicio, en los primeros años de la
revolución, fue calificado por sus dirigentes como una manifestación de
desigualdad social producto de la «sociedad burguesa», y, de modo
sustancial, disminuyó. Sin embargo, el uso de criadas, lavanderas,
etcétera, sobrevive sobre todo en las altas esferas. Como ya se mencionó,
la EMPROVA ha suministrado servicio doméstico a funcionarios de alto
nivel, escogiendo entre personas de mucha confianza política, ya
examinadas por la Seguridad del Estado. Algunos funcionarios de nivel
medio pagan a alguna persona de más bajos recursos para que les limpie
la casa o les lave la ropa de la familia. Esto no es motivo de escándalo
entre la población. Lo que sí adquiere carácter escandaloso es la
utilización de personal empleado por el Estado, pagado por el Estado,
como servidumbre de los dirigentes, lo que ha sido práctica común entre
algunos ministros y otros componentes de la cúspide dirigente. El
personal de plantilla del Estado que es usado por este nivel de
privilegiados es dirigido también a otros servicios, como la
reconstrucción de viviendas.
Un hecho bien documentado sobre las áreas donde viven los pinchos
grandes -particularmente en La Habana- es que en ellas no se suele
padecer de la carencia de agua y electricidad que ha tenido que sufrir
el resto de la población. En el caso de que algunos de estos altos
jerarcas residan fuera de las zonas privilegiadas, y les faltaran tales
servicios, se buscará la manera de que no carezcan de los mismos. Para
ellos hay servicio rápido de «pipas» (o camiones cisterna) que les
llenan de agua sus cisternas y tanques adicionales en las azoteas.
Incluso nos han llegado informaciones acerca de la construcción de pozos
especiales para que a un dirigente no le falte el precioso líquido. La
posesión de plantas eléctricas privadas es otro gran privilegio
existente para los mayimbes que no residan en alguna de las zonas
congeladas -al menos para algunos bien «conectados».
Las "Casas de Fidel" y "Las Casas de Visita."
Además de la anterior descripción de Carlos Franqui acerca de las casas
de Castro a través de la isla, existen informes que corroboran y amplían
lo dicho al respecto. Desde principios de la década de los 70 se nos
reportaba que en cada una de las 14 provincias había una excelente
vivienda o mansión siempre dispuesta a recibirlo. Un testigo de primera
mano que tuvo acceso parcial a la parte externa de una de las «casas de
Fidel», en los suburbios de la ciudad de Camagüey, nos dijo que ésta «dejaba
chiquita a `Kuquine'», refiriéndose a la principal de las dos
residencias del depuesto presidente Batista, la cual no podía
calificarse de suntuosa.
El entrevistado añadió que esta mansión, situada en la hacienda llamada
Tayabito, localizada en el Reparto Santayana, y lujosamente expandida,
incluía seis pistas de bolear (inexistentes en Cuba para el resto de la
población), una sauna, un bar y piscina, así como establos para caballos.
Se afirma que Castro alabó el gusto de Raúl Curbelo, entonces Primer
Secretario del Partido en esa provincia y promotor del proyecto.
En torno a las residencias de las que dispone Fidel Castro, este estudio
ha encontrado testimonios de que una de ellas, situada en el exclusivo
reparto Siboney, es para su esposa, Delia Soto del Valle, natural de
Trinidad, provincia de Sancti Spiritus. Fidel la conoció en 1961 cuando
ella realizaba labores de alfabetización en las montañas del Escambray.
Diversas fuentes coinciden en que era una mujer muy bella, de pelo negro
y ojos claros. «Fidel la vio en un recorrido, la montó en un jeep y se
la llevó». De esa unión han surgido tres hijos. Tanto ellos como la
madre no han tenido actividad pública alguna, y se han mantenido
prácticamente en el anonimato, incluso para viajar.
Entre los dirigentes de la cúpula que más se han destacado por la
cuestión de las residencias está Ramiro Valdés, «Comandante de la
Revolución» el cual, tras sus matrimonios con mujeres mucho más jóvenes
que él, les deja una bien montada residencia. El dispone, actualmente,
según nuestros informes, de una mansión en el reparto Barlovento, de
Jaimanitas, en Ciudad de la Habana, con acceso al mar, yate, lanchas de
carrera, plantas eléctricas, frigoríficos y su colección de autos
deportivos.
Concerniente también a la vivienda, pero a un nivel inferior y distinto,
deben mencionarse las «casas de visita». Estas son residencias que el
Partido, los ministerios y otras entidades gubernamentales y económicas
poseen a través del país. Sirven de alojamiento a los respectivos
funcionarios, ya que éstos no se hospedan, por lo regular, en los
hoteles existentes, cuando viajan por el país. Debe señalarse la
diferencia entre las «casas de visita» pues, como nos dijo un
entrevistado, de acuerdo con la categoría del ministerio u organismo,
así serán las condiciones de sus «casas de visita». Las del Partido se
destacan entre todas las demás, y aun entre éstas hay diferencias, de
acuerdo con la categoría de los miembros del Partido que habrá de
recibir. En estas casas de visita, los dirigentes no sólo encuentran
hospedaje al estilo de los mejores hoteles, sino también servicios y
abundante comida no racionada, de la mejor calidad.
Privilegios de los "Hijos de Papá."
Los hijos de personas pertenecientes a la dirigencia, especialmente la
máxima, tanto política como militar, han constituido en Cuba un grupo
privilegiado peculiar. También en otros países del llamado bloque
socialista, los hijos de los altos dirigentes, llamados en Cuba por el
pueblo los hijos de papá, disfrutan de grandes privilegios en diversas
áreas de vida. En el caso cubano, por una parte, la mayoría de éstos
parece que reciben con plácemes los beneficios asociados con la cúpula
de la estructura de poder en una sociedad totalitaria; a veces mostrando
una conducta arrogante, mientras que, por otra parte, algunos parecen
ser fuertes críticos del sistema, mostrando un alto grado de cinismo y
también de frustración. Esto último, sin duda, es producto del «doble
estándar» que ven en sus casas, donde nada falta, en contraste con las
privaciones que deben padecer los que están fuera del círculo de la
elite. En este sentido, algunos observadores consideran que el grupo de
los hijos de los altos dirigentes es muy elitista, excluyendo con
arrogancia a aquellos que no son como ellos, hijos de papá.
Es en las oportunidades educacionales en las que, quizá, radica una de
las mayores fuentes de privilegios de este sector. Para comenzar, un
número de carreras están fuera del alcance de los «no integrados» -políticamente
no identificados- con la revolución, con lo cual se cuestiona seriamente
el reclamo de la universalidad e igualdad de las oportunidades
educacionales. Estas limitaciones han existido más en las carreras de
ciencias sociales. Más aun, muchos observadores de primera mano
consideran que la educación sirve como un excelente instrumento de
control sobre la juventud, ya que en Cuba la educación es un monopolio
estatal a todos los niveles, y ha sido una fuente de tratamiento
preferencial, en particular para los hijos de la nueva elite.
Algunas carreras que involucran viajes al extranjero, tales como las
relativas a la diplomacia, parecen tener gran demanda entre los hijos de
papá. En el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, donde se
cursan esas carreras, la mayoría de los estudiantes son hijos de
funcionarios del servicio exterior. Es de notar que con la dolarización
de la economía y el auge de la industria del turismo ha habido en Cuba
un menosprecio por las carreras universitarias y un alto aprecio por las
que conducen a la obtención de esa preciada moneda, con la que ahora se
puede comprar de todo en las tiendas que venden con ese patrón de cambio.
Es por ello que estos jóvenes privilegiados han mostrado gran interés en
este sector y es notable el influjo de los mismos trabajando en las
empresas extranjeras y la industria del turismo.
La vivienda también es un área de privilegio para los hijos de la alta
dirigencia. Cuando éstos se casan generalmente no tienen que vivir
agregados en el hogar de sus padres, ni sobre ellos sobrevienen otras
peores calamidades de tipo habitacional que tienen que soportar los
jóvenes cubanos. Para los hijos de papá siempre hay dispuesta una
vivienda, y es probable que mientras más alto sea el nivel dirigencial
del padre, más suntuosa será la misma.
Es interesante subrayar la gran identificación y gusto de parte de los «hijos
de papá» -al igual que el resto de la juventud, que está con muchas
menos posibilidades de acceso- por las modas, ropas, artefactos y música
occidental, particularmente norteamericanos. Puede decirse que son
visiblemente distinguibles en muchas cosas por el uso o abuso de esos
bienes.
Este sector social cubano se destaca también por el uso y abuso de sus
conexiones familiares, a veces involucrándose en serios problemas,
llegando hasta el delito, y han logrado evitar cualquier tipo de castigo.
Esto aplica, en particular, en el uso del auto, que en muchos casos
pertenece a sus padres, artículo altamente restringido en esa sociedad.
Los problemas de estos muchachos no ocurren sólo en las calles, sino con
frecuencia en las escuelas, en donde también gozan de impunidad. Allí
también se destacan por su superior vestir y comer, en contraste con el
resto de los alumnos.
Muchos hijos de papá llevan su actitud arrogante hacia el resto de la
población y hasta hacia las autoridades policiales que los detienen, a
las que frecuentemente tratan de forma humillante. En este sentido, la
impunidad ante la ley de estos jóvenes es chocante cuando se tiene en
cuenta la severidad del castigo al ciudadano corriente que comete un
delito. Pero los problemas de los hijos de la alta dirigencia rebasan el
nivel delincuencial para entrar en serios problemas psicológicos, que a
menudo han llevado al suicidio. No en balde el Ministerio del Interior
ha creado un grupo o sección particularmente encargado de los casos de
los hijos de papá.
Otra fuente adicional de privilegio para los hijos de la elite ha sido
el evitar -en la mayoría de los casos- el servicio militar; y si son
reclutados, lo más probable es que no sirvieran en frentes de batalla
como Angola u otro lugar peligroso, o si fueran enviados allí, no irían
a un puesto de combate. A lo largo de esta línea se halla la asistencia
a las escuelas preuniversitarias, ahora casi todas situadas en el campo,
en donde, bajo condiciones difíciles, el joven tiene que trabajar en la
agricultura medio día y estudiar el resto. Los hijos de papá se las
arreglan muchas veces, por influencia de sus padres, para evadir ese
tipo de escuela o tener un trato privilegiado en las mismas.
Un servicio de Salud Especial.
El cuidado de la salud ha sido una de las áreas en las que la revolución
de Castro ha reclamado grandes logros. A reserva de debatir este punto
en contraposición con la situación anterior a 1959, cuando existía un
amplio y excelente sistema cooperativo-mutualista que abarcaba en
especial a los sectores socioeconómicos medio y bajo, no cabe duda que,
cuantitativamente, el presente sistema ha llevado la atención médica a
los lugares más recónditos. Ello ha sido posible gracias al control
totalitario de la medicina, por lo cual prácticamente todos los médicos
sólo son empleados del Estado, excepto los graduados antes de 1960, y
tienen que ir donde los manden. Es de notar que en Cuba está prohibida
la práctica de la medicina privada.
En el curso de nuestros estudios hemos escuchado quejas sobre la pobre
calidad del servicio médico, atribuida a la falta de medicamentos
adecuados, poca higiene, falta de privacidad, alimentación deficiente,
descuido en la atención, equipos obsoletos y entrenamiento inadecuado,
en algunos casos, del personal médico. Con respecto a la obtención de
privilegios en este importantísimo sector, muchos de nuestros
encuestados han cuestionado la igualdad en el servicio. En otras
palabras -como en otras áreas- algunos, debido a su conexión política o
personal, tienen derecho o procuran para sí y sus familiares un servicio
o tratamiento superior que el que recibe el ciudadano promedio.
Desde el comienzo de nuestro proceso de recopilación formal de datos en
1970, afloró que en realidad existe una mejor atención médica para la
elite. Y como en otras áreas de privilegio, ésta también parece haber
comenzado ya a principios de los años 60. Es incontrovertible que para
la dirigencia nacional existe un número de lugares notorios por su
tratamiento «especializado» a los altos dirigentes y sus familiares. En
estos centros la falta de medicación o el servicio inadecuado, o
cualquiera de los otros problemas antes mencionados, no existen para
ellos. Más aun, según algunos de nuestros entrevistados, en general, la
calidad de los servicios médicos que recibe la cumbre de la elite
gobernante probablemente sobrepasa la mejor atención que recibía la
elite adinerada de la Cuba precastrista.
Esta investigación también detectó que la mejora o el refinamiento en la
calidad del servicio médico de la elite ha sido progresiva. A principios
de los 60 se habilitaron secciones especiales en los mejores hospitales
existentes, destinadas a la nueva elite. Más tarde -principalmente a
mediados de los 70 y en los 80- esto cambió para hospitales o clínicas
que se hicieron exclusivos para los dirigentes, o donde se habían
habilitado salas especiales para atenderlos. Durante los años iniciales
éstos recibían la atención médica en La Habana, donde existían las
mejores instalaciones hospitalarias.
Como caso típico se encontraba el pabellón Borges del Hospital Calixto
García, el primer hospital universitario de Cuba. Aquella sala era lo
mejor que ese hospital podía ofrecer al público en la era precastrista,
y de hecho era usada por el personal médico y sus familiares. La antigua
Clínica Miramar (probablemente una de las mejores clínicas de ese tiempo),
rebautizada Cira García, fue más tarde el hospital de los becados; y,
posteriormente, destinada a extranjeros y a la nueva elite. Al mismo
tiempo, un piso especial del moderno Hospital Naval en La Habana del
Este fue también destinado a sala para los dirigentes privilegiados.
Emulando con los «camaradas» del Kremlin, más tarde se construyó una
clínica totalmente dedicada a la cúspide directriz (administrada por el
Ministerio del Interior) en el exclusivo Reparto Kohly, donde muchos de
la nueva elite residen. El General Del Pino ha descrito esta clínica y
otra, el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ), en el
Reparto Siboney, utilizado también por extranjeros. Los equipos de estas
clínicas especiales para los dirigentes han sido importados
principalmente de países capitalistas, y la atención dista mucho de
parecerse a la que recibe la población en los hospitales, muchas veces
congestionados, y actualmente sin medicación adecuada, a los que tiene
acceso. También se reporta que en los institutos nacionales de
investigación médica localizados en La Habana hay áreas especialmente
dedicadas a la dirigencia suprema. En el Palacio de la Revolución, sede
de la cabeza política del sistema, existe un hospital especial exclusivo
para Fidel Castro.
En el interior del país, nuestros encuestados indican también la
presencia de áreas especiales en los hospitales provinciales para la
dirigencia máxima de la zona. En estos casos, el tratamiento contrastará
mucho con el que recibe la persona promedio. De esta forma, el dirigente o
su familia podrán recibir un cuarto privado (cosa poco usual para el
pueblo en general) bien amueblado y en algunos casos hasta provisto de
comida y bebidas para compartir con los visitantes.
Cuando ha sido necesario, se ha traído del exterior equipo o
especialistas muy calificados. Se dice que miembros de la elite con
necesidad de tratamiento delicado han procurado ser tratados fuera del
país. Boston, New York y hasta Miami aparentemente han sido los lugares
favoritos en este hemisferio.
Es interesante señalar que caso que todo el tratamiento médico falle y
devenga la muerte inevitable, para ese proceso también hay privilegio
pues los dirigentes tienen tratamiento especial en los funerales.
Otras Áreas de privilegio.
La cúpula de la nueva elite cubana está, «de jure» o «de facto», exenta
del estricto y casi universal racionamiento impuesto al pueblo cubano
desde 1962. El racionamiento incluye la mayoría de los bienes de consumo,
como comida, ropa y artículos caseros. Este sistema ha implicado que
cada núcleo residencial deba tener su «libreta de abastecimientos» como
oficialmente se le conoce. Con ella se supone que se podrá adquirir, de
estar disponibles, los alimentos y los demás artículos. Esto, de por sí,
ha sido una permanente fuente de irritación, ya que cada hogar debe
estar pendiente constantemente de la disponibilidad de los artículos, y
ha tenido que gastar gran cantidad de horas en colas para poder hacer
las compras necesarias.
A partir de 1993, para algunos de los sectores de la población, esta
situación ha cambiado un tanto con la dolarización de la economía al
hacerse disponibles, en las «shopping» muchos artículos de primera
necesidad. Sólo basta tener dólares o su equivalente en pesos
convertibles para comprar en las mismas.
Los dirigentes también tienen una «libreta de abastecimientos», pero, es
sólo nominal para ellos, en el nivel más alto. Para un cierto sector de
la alta dirigencia, los alimentos son traídos especialmente a sus casas
en cantidades abundantes. Más aun, la nueva elite ha podido ordenar
alimentos del extranjero por medio del cuerpo diplomático, y existen
evidencias de que éste ha sido uno de los «hobbies» del «Comandante en
Jefe» Castro, con talento culinario, quien ha disfrutado también posando
como cocinero gourmet al invitar a otros jerarcas políticos, cuando en
realidad lo que hacía era calentar comida enlatada de la cocina
extranjera.
El privilegio en los comestibles llega a la sede del Comité Central del
Partido en el Palacio de la Revolución, en el cual hay un comedor
especial -como ocurría en el de la Unión Soviética. En el caso cubano,
la comida que se ofrece allí a los comensales es por completo
inalcanzable para el pueblo. Esta situación privilegiada del comedor del
Comité Central se repite -en diversas escalas a través del país- en los
que existen en las sedes provinciales del Partido, así como en los
centros de trabajo. En éstos aparentemente existe una jerarquización en
cuanto a lo que comen los trabajadores, los técnicos y capataces y los
dirigentes.
La comida privilegiada también aparece en los recintos militares, donde
los reclutas comen mucho más modestamente que los oficiales. Esta
situación se extiende a las tiendas militares, «el comercio militar»,
donde éstos podrán comprar a precios mucho más bajos artículos
electrodomésticos, la mayoría de las veces no disponibles para el resto
de la población. Existen también suministros especiales, de modo
periódico, en bolsas, con comestibles y artículos de aseo, que llegan
hasta los bajos niveles dentro del Partido y de las Fuerzas Armadas.
La nueva elite cubana no sólo esquiva el estricto racionamiento en
cuanto a la comida y otros artículos de primera necesidad, sino también
con artículos suntuarios o de lujo -para lo que se ha usado también al
servicio diplomático. Se nos reporta de casos de personas de la cúspide
del poder que se destacaban por sus pedidos a través del servicio
exterior, que abarcaban desde perfumes franceses hasta ropas de
Christian Dior. Tanto la familia como los amigos de los jerarcas se han
beneficiado de este privilegio, y a través de ellos muchos de esos
artículos se filtran al mercado negro.
Fuente: The Cuban Center - El Centro Cubano.
Clases Sociales en Cuba
En Cuba, se pueden delimitar tres clases sociales perfectamente
definidas:
- Altos dirigentes de la cúpula gobernante y las Fuerzas Armadas;
- Extranjeros residentes en el país o visitantes;
- El pueblo cubano.
Antes de iniciar nuestro análisis, les invito a una corta reflexión. Si
los gobernantes en países capitalistas donde la economía no está en sus
manos, donde los poderes constitucionales del Estado tienden a conservar
su autonomía y los cargos gubernamentales son removidos periódicamente a
través de la mesa electoral, son acusados en ocasiones de malversar los
fondos públicos; ¿se puede alguien imaginar a un individuo, gobernando a
un país por 44 años consecutivos, al cúal la propia Constitución le
otorga todos los poderes del gobierno (hacer la ley, ejecutarla e
impartir justicia), donde las elecciones secretas y directas se han
suprimido de la vida política del país al no admitir la existencia de
otros partidos políticos y como si esto fuera poco, controlar hasta la
más remota actividad económica dentro del territorio nacional de cuanto
poder dispondría?
Con esta corta reflexión demostramos como Fidel Castro puede usando
estos poderes, poseer miles de millones de dólares reconocidos en
instituciones bancarias fuera del país, decenas de mansiones a lo largo
y ancho de la isla equipadas con lo más exquisito y avanzado del mundo
capitalista y enormes fincas donde conjuntamente con su séquito
personal, disfruta de las deidades de la caza siempre disponible al
importarse gran número de animales desde las más intrincadas regiones
del planeta.
Para la élite gubernamental, Fidel Castro ha creado un cierto confort
que le ha permitido vivir holgadamente. Buenos carros, casas
particulares y de veraniego, pasaporte a hoteles de lujos y lugares
exclusivo de descanso, derecho a comprar en tiendas de divisas, es decir,
aquellas establecidas sólo para área dólar y por supuesto el disfrute de
los lugares exclusivos que el mismo frecuenta.
Como aludimos, el segundo sector social que alcanza una posición por
encima del pueblo cubano es el turístico. Tanto para residentes
procedentes del exterior como para turistas, el Estado ha creado una
infraestructura turística al estilo de cualquier país capitalista
desarrollado, hoteles de lujo, balnearios, regios supermercados
ampliamente surtidos llamados "diplomercados", hospitales equipados con
la más alta tecnología de la medicina moderna, centros de recreación
tales como restaurantes, discotecas, etc.
Y en el tercer eslabón, se haya el pueblo cubano, con su miseria
perpetua que ya casi alcanza los 44 años consecutivos. Durante todo este
tiempo, al ciudadano cubano además de exigírsele más trabajo y
sacrificio cada día, se le ha estipulado una libreta de racionamiento
que le indica la ración de alimentos que puede consumir al mes. Por
ejemplo, desde 1960, está estipulado que cada persona puede recibir
mensualmente 5 libras de arroz, 4 libras de azúcar, media botella de
aceite y así por el estilo. (Para ver en nuestra página esta libreta,
favor de dirigirse a Documentos Oficiales Instituidos en nuestra sección
InfoCuba) En cuanto a enseres personales, existe también otra libreta
donde se le asigna a cada familia cubana la cantidad de ropas, zapatos,
etc., que se deben comprar al año. Es bueno enfatizar aquí que ningún
producto racionado es gratuito como piensan algunos. Todos ellos pueden
comprarse a través de la red de comercio y consumo nacional. El
racionamiento es total. (La dirigencia política del país, ha estado
siempre exenta de este tipo de mecanismo segregacional e inhumano; en
otras palabras, no tiene que comprar sus alimentos y productos a través
de esta libreta de racionamiento)
Debido a la carestía perpetua de bienes de consumo durante todo el
proceso comunista, Cuba se ha convertido por 44 años en un país donde
las largas líneas para comprar la ración estipulada de alimentos son de
dos y hasta de tres días. Porque es bueno señalar que ni la ración de la
libreta de racionamiento es garantizada a la población. Debemos pensar
que el obrero cubano, como el obrero de cualquier país capitalista de
hoy, tiene ilusiones de comprarse una casa, comprar un carro, comprarse
la comida que quiera o la ropa que desee; y realmente no tiene esta
posibilidad, ni la libertad siquiera de quejarse de su triste situación
con alguien, porque en realidad no puede confiar en nadie. La vida se le
hace extremadamente difícil en todos sus aspectos la cual le induce, en
el último de los casos, a quitarse la vida o lanzarse al mar en busca de
libertad. Es realmente muy duro para el ciudadano común, el tener que
mirar en silencio la vida atestada de lujos y privilegios reservados
para los altos dirigentes del Partido Comunista y el turismo que visita
la isla. Es realmente humillante ver como cuando para ellos no se
escatiman lujos y abundancia de todo, la madre cubana no tiene un vaso
de leche que darle a su niño, porque simplemente, no existe en el
mercado.
Fuente:
netforcuba.org
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